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"El mejor medio para hacer buenos a los niños es hacerlos felices" (O. Wilde)

23-Sep-2013

En este primer post vamos a hacer referencia a un elemento fundamental a la hora de evitar posibles conflictos: la prevención. Y ahora que estamos empezando el curso, nos vamos a centrar en el ámbito escolar: promover el hábito de trabajo en edades tempranas puede resultar una de las herramientas más efectivas para lograr una buena actitud frente al estudio.

"Deberes" y "tareas" son dos palabras en la vida de los estudiantes que tienen una connotación negativa para muchos. Las perciben como algo que será una obligación, algo que me va a costar, un rollo, etc. Y así, es tarea complicada promover el hábito de trabajo.

La instauración y el mantenimiento de un hábito resulta mucho más simple si éste nos aporta algo que percibimos como positivo. Si bien es algo común en todas las edades, en el caso de un niño que empieza la educación primaria, es fundamental que ese "algo" que queremos instaurar le resulte atractivo, divertido, motivador... en definitiva, que no lo perciba como algo negativo.

Pero, ¿cómo hacer que el trabajo, los deberes, las obligaciones les puedan hacer felices? Aquí es donde entra uno de los elementos indispensables en la educación de cualquier niño: el juego.

 

El juego se merecería un blog aparte. Tantos y tantos por descubrir e inventar. Es curioso ver como cualquier tarea escolar "disfrazada" de juego tiene un efecto diferente al que obtenemos con los tradicionales deberes:

  • Aumenta la motivación del niño así como el tiempo que será capaz de estar "trabajando".

  • Mejora la actitud o el propio rendimiento.

  • Obtendremos un aprendizaje más significativo, un niño que se habrá divertido trabajando y, consecuentemente, una mayor predisposición a volver a realizar este tipo de tareas.

En estas edades siempre aconsejo establecer una rutina de entre 20/30 minutos diarios con una periodicidad regular y que conste, al menos, de tres partes:

  • Una que realizarán ellos (así también fomentamos aspectos como la autonomía, la seguridad y la confianza en sí mismo). Actividades como hacer un dibujo de algo relacionado con el colegio (lo que más le haya gustado, algo que haya aprendido, ...), un pequeño puzzle, un tangram, escribir con plastilina, buscar a Wally, etc. Como podemos ver, existen múltiples posibilidades en función de lo que queramos trabajar.

  • Otra en la que jugarán con nosotros: un mikado, cartas de memoria, inventar una historia conjunta, etc. Trabajo en equipo, comunicación, respeto de normas, entre otros, serán, por citar solo algunos, una parte de los múltiples beneficios que fomentamos con el juego colectivo.

  • Una parte donde introduciremos tareas escolares tradicionales. Sumas, hojas de caligrafía, lectura, etc. Intentaremos intervenir lo mínimo, siendo meros supervisores. Resolveremos las dudas pero siempre dejando que ellos intenten previamente solucionar por sí mismos las dificultades, repasaremos la tarea una vez concluida pero siempre reforzando la forma de trabajar (concentrado, con ganas, atento, ...) más que el resultado final e, incluso, le podemos decir, como si de un juego de role-playing se tratase, que nos explique que ha hecho como si fuese nuestro profesor.

La motivación y la competitividad.

 

Un elemento importantísimo en esta estrategia es la motivación, por lo que si repetimos día tras día los mismos juegos presentados de la misma forma, la motivación y la actitud de nuestros pequeños decaerá progresivamente. La rutina debe ser flexible en cuanto a forma de presentación. Cambiemos los juegos, variemos el orden, dejemos que unos días decida él qué quiere hacer, otros días darle opciones, modifiquemos el escenario... Hay tantas y tantas posibilidades como días.

 

 

 

Leer en la playa y luego bañarnos, escribir en el jardín y luego jugar a la pelota, hacer cuentas en una heladería y luego disfrutar de un helado, ... El cambiar algún día de escenario puede ser vivido por nuestros pequeños como una recompensa (muchas veces los reforzadores más eficaces no son las cosas materiales con las que les premiamos, sino muchos momentos de calidad que les podemos regalar).

 

 

Por otro lado, los niños son competitivos por naturaleza. Esta competitividad será nuestra aliada porque nos permitirá presentarles retos o "engancharles" con nuevos juegos, pero debemos prestar mucha atención a que no se frustren si no ganan, si no saben resolver un juego o si no se sienten hábiles para realizar alguna actividad. ¿Cómo lo haremos?

 

  1. Buscaremos juegos que no resulten demasiado difíciles para ellos, pero que a la vez les puedan plantear retos y que estén relacionados con sus áreas de interés.

  2. Valoraremos en todo momento el procedimiento, no el resultado. ¿Cómo? Reforzando los pasos que vaya logrando, valorando su esfuerzo, resaltando lo que le está aportando el juego (no sólo ganar, también divertirse, pasar un rato juntos, aprender, etc.). 

  3. Acabaremos siempre con una pequeña reflexión. Verbalizar cómo nos hemos sentido: "hoy me lo he pasado muy bien jugando contigo", "hoy me ha gustado porque te has esforzado mucho para escribir tu nombre con plastilina", "hoy parecías un inventor con tanta imaginación", "hoy parecías mayor haciendo el trabajo sin ayuda, eres un chico mayor ya".

Debemos prestar mucha atención a que no se frustren si no ganan, si no

saben resolver un problema o si no se sienten hábiles para realizar una actividad.

 

Así pues, "trabajar" de esta forma entre 15 ó 30 minutos diarios no sólo va a ayudarnos a prevenir posibles conflictos a la hora de estudiar o hacer deberes, sino también va a ofrecer múltiples beneficios como el promover el hábito de estudio, la vinculación sana entre padres e hijos, desarrollar la capacidad y las habilidades necesarias para trabajar en equipo, mejorar la creatividad, las relaciones con los demás, su autonomía personal y, entre muchos otros, la felicidad de nuestros pequeños (y, de esta forma, también la nuestra).

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