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Es más fácil evitar que un comportamiento se adquiera que corregirlo una vez adquirido.

17-Oct-2013

A lo largo de estas semanas vamos a tratar los problemas de comportamiento en niños pequeños. Si bien este post será algo más general y nos servirá para introducir algunos aspectos más elementales para evitar o “combatir” el mal comportamiento, a lo largo de los próximos profundizaremos en casos concretos como por ejemplo, dificultades para ir a la cama o problemas a la hora de empezar a hacer los deberes, entre otros.

 

Así pues, empezaremos hablando de uno de los orígenes más frecuentes de una gran cantidad de problemas relacionados con el mal comportamiento: hogares que carecen de normas o límites básicos que rijan la dinámica familiar, o donde sí pueden existir pero se aplican de forma intermitente, incoherente y/o de diferente manera según cada progenitor. En definitiva,  en numerosas ocasiones la raíz solemos encontrarla en un aspecto fundamental en la educación de los niños: la falta de mecanismos de prevención en edades bien tempranas desde el núcleo familiar.

 

 

 

 

Prevenir el mal comportamiento de nuestros hijos cuando son pequeños disminuirá considerablemente la posible aparición reiterada de esta problemática a medida que van creciendo.

 

 

Así pues, ¿cómo prevenir el mal comportamiento? Hay múltiples elementos que pueden influir positivamente, sin embargo, desde mi punto de vista, los dos más importantes que deben darse son:

  1. Una vinculación afectiva sana entre hijos y progenitores.

  2. Una dinámica familiar que se sustente en unas normas y límites estables, claros y coherentes.

Un vínculo estrecho, sano y fuerte no sólo será aquel que demuestre afecto en los buenos momentos, sino aquel que también pondrá límites, reconducirá y educará en situaciones conflictivas a nuestros hijos sin que por ello se puedan sentir "malos niños" o menos queridos.

 

 

Nadie dudará de la importancia del afecto y la vinculación positiva en el desarrollo de nuestros hijos, ni tampoco de la relevancia que tiene nuestro rol como educadores/modelos de comportamiento para ellos. Sin embargo, ¿por qué es importante para los niños que existan estos límites y normas en nuestros sistemas familiares? Los principales motivos son: 

 

  • Servirán como marco de referencia. El primer elemento sociabilizador de nuestros niños es la familia. Aprenderán así, entre otras cosas, que para relacionarse correctamente y/o para adaptarse de forma adecuada al entorno, deberán mostrar un comportamiento determinado acorde al contexto y a las personas que le rodean.

  • Darán protección y seguridad. Los niños que crecen en hogares que carecen de normas, donde no se ponen límites o donde pueden hacer lo que deseen en cualquier momento, potencialmente podrán convertirse en niños agresivos (si se han acostumbrado que con gritos y golpes consiguen las cosas), que se frustrarán fácilmente (menguando notablemente su capacidad de esfuerzo o de superación) o que no valorarán lo que tienen. Por ello, aunando vinculación sana y aplicando los límites adecuados velaremos por su mejor desarrollo posible, especialmente a nivel emocional. 

  • Aprenderán valores y actitudes indispensables en su proceso madurativo como el orden, el respeto, la generosidad o los buenos modales.

  • “No hagas lo que no te gustaría que te hicieran a ti”. Marcarles límites les ayudará a  empatizar, a gestionar mejor sus emociones y a entender que sus comportamientos influyen sobre los demás.

  • Adquirirán sentido de la responsabilidad y del deber, entendiendo que no siempre puede ser lo que quieran y cuándo quieran. 

 

Puede parecer que pretendemos imponer un exhaustivo sistema de normas y límites rígidos con una constante supervisión, sin embargo debemos tener en cuenta que tanto el exceso como la inexistencia de límites puede influir negativamente en el desarrollo de nuestros pequeños. Por lo que deberemos ser más flexibles en algunas áreas y menos permisivos en otras, como en lo referido a:

 

  1. Cuestiones de seguridad. Cuando su integridad pueda correr peligro real: cruzar la calle sin mirar, alejarse de nosotros en exceso cuando paseamos, etc.

  2. Aspectos relacionados con la convivencia: quitar/robar, romper objetos intencionadamente, agredir/insultar…

  3. En la escuela: no hacer caso al profesor, pegar a compañeros, etc.

 

En el próximo post presentaremos los dos mecanismos que más solemos emplear, al menos directamente, para modular el comportamiento de nuestros niños, haciendo especial hincapié en qué aspectos debemos considerar para que estos resulten mucho más efectivos.

 

 

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