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¡A dormir!

11-Oct-2015

"¡Qué sueñes con los angelitos!" (Josefina de Haro)

 

 

La hora de acostarse puede ser un momento conflictivo en el día a día de nuestros pequeños. En este caso, es importante que, para poder intervenir de forma adecuada y encontrar una solución positiva, conozcamos qué factor desencadena o motiva este conflicto.

 

Entre las causas más frecuentes encontramos la falta de límites, el miedo a la oscuridad o a quedarse solo, los celos hacia un hermano que no tiene que ir a dormir "tan pronto", el querer estar más tiempo con los papás, un exceso de activación o, y sí, aunque suene contradictorio, el estar demasiado cansado (a veces están tan y tan cansados que "todo les va mal").

 

Así pues, en caso de situaciones de miedo introduciremos elementos que aporten seguridad y relajación. ¿Celos? Trabajaremos los roles de cada uno, los límites y reforzaremos la consecución de objetivos. En definitiva, con cada situación concreta planificaremos una intervención más focalizada en los motivos por los que aparece para incidir en aquello que la potencia. 

 

Sin embargo, existen dos elementos indispensables, independientemente del origen, que nos van a ayudar siempre a la hora de acostar a nuestros pequeños:

 

  • Regular las horas de sueño.

  • Establecer una rutina de sueño.

 

1. Regular la hora de acostarse y despertarse.

 

Decidir un horario para irse a dormir y una hora para despertarse y cumplirlo de forma consistente es una cuestión muy importante. Las horas de sueño que necesitan los niños van en función de su edad y de su actividad diaria, siendo mucho más importante un mayor número de horas cuanto más pequeños son nuestros hijos y más actividades realizan. Entre los 5 y 6 años se recomienda un intervalo que va entre las 10 y las 12 horas de sueño diarias.

 

 

La falta de sueño puede afectar de diversa forma a los niños: peor rendimiento 

escolar, posible retraso en la adquisición del lenguaje, mayor irritabilidad, mayor fatigabilidad, 

niños que se frustran más fácilmente o dificultades a la hora de controlar y expresar las emociones, 

por citar algunas de las más destacadas.

 

 

 

 

 

Establecer un horario regular para ir a dormir va a permitir a nuestros hijos adaptar sus ritmos biológicos de forma que cuando se acerque el momento de ir a la cama empezará a sentir sueño. Como bien señala el psicólogo Luciano Montero, si no somos estrictos en el momento de ir a dormir, nos encontraremos dos tipos de resistencias o dificultades: a) una de tipo comportamental, al confrontarse el niño con nosotros cuando le acostamos y a él le parezca demasiado pronto, no tiene ganas, etc., y b) otra de tipo fisiológica, ya que sus ritmos biológicos no se adaptarán a ir a dormir siempre a la misma hora y muy posiblemente se produzca un desajuste en su ciclo sueño-vigilia que le lleve a estar más activo a la hora de ir a dormir o más fatigado durante el día.

 

2. Establecer una rutina o ritual para ir a dormir.

 

A los niños las rutinas les aportan tranquilidad, seguridad y orden, aspectos que son tan importantes como necesarios a la hora de ir a dormir. Una correcta rutina de sueño nos va a ayudar a que el niño esté preparado y más predispuesto a ir a dormir.

 

      Un ejemplo de rutina sería el siguiente:

  • Tras la cena, le decimos que puede leer, dibujar o jugar a algo en su cuarto hasta que le avisemos (dejaremos que repose la cena con alguna actividad que le permita relajarse, evitando cualquiera que le pueda sobreactivar y dificultar el inicio del sueño). 

  • Aproximadamente 15 ó 20 minutos antes de la hora de acostarse, le pedimos que termine lo que está haciendo y que deje el cuarto bien ordenado.

Consejo:  hacer con ellos una cartulina donde coloquemos imágenes con los pasos ordenados que seguiremos en la rutina, les ayudará no sólo a integrarla mejor y a saber qué toca en cada momento, sino también nos permitirá trabajar más fácilmente otros aspectos como la autonomía.

  • Una vez ordenado, toca pijama (siempre que podamos fomentar su autonomía lo haremos, por lo que si sabe ponérselo él solo será algo añadido a su rutina). Preparar la bolsa para la escoleta o su mochila para el colegio y dejarla en la puerta de la habitación bien colocada (aquí lo mismo, si tenemos que hacerla nosotros porque no sabe, la hacemos, sino le ayudamos o, simplemente, lo supervisamos una vez la haya hecho).

  • Hora de ir al baño: cepillarse los dientes, hacer pipí, etc.

Podemos intentar hacer sus rutinas más especiales y atractivas utilizando elementos que 

les gusten. Una señal como ésta para ir a la cama, un libro con sus personajes

 favoritos, una manta de sus dibujos preferidos, etc.

 

¿Os acordáis? ¡Genial! Ya no me siento tan mayor.

 

  • Dar las buenas noches a todos los miembros del hogar.

  • Volver al cuarto con uno de los papis (es preferible ir cambiando para que no se acostumbre siempre a una figura concreta, en parte no sólo por él, sino también por vosotros, ya que uno puede estar más ocupado, otra vez alguno puede estar fuera, etc.) y "aclimatar" el cuarto. ¿Qué quiere decir esto? Simplemente si le ponéis una lucecita para dormir pues ya la encendemos, si duerme con algún peluche que lo elija, si le ponemos música relajante le damos al "play", etc.

 

 

 

 

 

 

 

 

Que puedan dormir con algún juguete que les sea especial les ayudará aportándoles 

seguridad y tranquilidad, especialmente en el caso de los miedos.

 

 

 

 

 

  • Tras todo esto, momento de meterse en la cama. Le leeremos un cuento (da igual que sea el mismo noche tras noche, les relaja), le contaremos una historia, le acariciaremos el pelo como si fuera un masaje, le cantaremos una canción (importante: que sea tranquila y que no se sepa la letra... sino acabará cantando y bailando con nosotros, os lo digo por experiencia), etc. Podéis elegir o, si lo ha hecho todo como toca, le podéis plantear que elija él entre las diferentes posibilidades que le ofrecéis. Todo esto intentando al máximo proporcionarle calidez y serenidad ya sea con nuestra voz o nuestro contacto físico.

  • Una vez leído, cantado o masajeado, le daremos las buenas noches y saldremos de la habitación.

  • Tras todo esto, momento de meterse en la cama. Le leeremos un cuento (da igual que sea el mismo noche tras noche, les relaja), le contaremos una historia, le acariciaremos el pelo como si fuera un masaje, le cantaremos una canción (importante: que sea tranquila y que no se sepa la letra... sino acabará cantando y bailando con nosotros, os lo digo por experiencia), etc. Podéis elegir o, si lo ha hecho todo como toca, le podéis plantear que elija él entre las diferentes posibilidades que le ofrecéis. Todo esto intentando al máximo proporcionarle calidez y serenidad ya sea con nuestra voz o nuestro contacto físico.

  • Una vez leído, cantado o masajeado, le daremos las buenas noches y saldremos de la habitación.

 

Seguro que, especialmente al principio, más de una vez se levantará de la cama y nos vendrá a buscar. ¿Qué hacer? Simplemente debemos acompañarle nuevamente a su habitación, tranquilizarle e irnos. No hay que acostumbrarles quedándonos hasta que se duerman porque podemos generar un mal hábito (si se pone a llorar cuando nos vamos, le volvemos a tranquilizar y cuando veamos que está lo suficientemente relajado como para dormirse, le decimos que nos iremos asomando para ver como sueña con cosas bonitas). Las primeras veces tendremos que volver mucho a la habitación con él, pero actuando de forma afectiva y constante, lograremos en poco tiempo que la frecuencia disminuya y que consiga dormir de forma adecuada por su cuenta en su cama.

 

El sueño es muy importante para todos, pero especialmente en la infancia tiene un papel más relevante si cabe. Es enorme su influencia en el día a día de nuestros pequeños: dormir bien les va a permitir aprender, consolidar lo que saben, relacionarse, jugar, imaginar, conocerse mejor a ellos mismos y a los demás, etc. Así pues, de la misma forma que nos preocupamos porque coman bien o porque se porten bien, debemos darle al sueño la importancia que se merece.

 

¡Qué soñéis con los angelitos!

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