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¿Qué tipo de padre quieres ser?

11-Oct-2015

"Con las mejores intenciones se obtienen, la mayoría de las veces, los peores efectos" (O. Wilde)

Nadie se sorprenderá si afirmo que la estructura de las familias ha cambiado de forma significativa en las últimas décadas. Si bien aún podemos encontrarnos con el modelo tradicional de familia, cada vez son más frecuentes los núcleos monoparentales, las nuevas unidades familiares donde cohabitan hijos de diferentes uniones, o las familias con un número más reducido de miembros (hijos únicos en contraposición a aquellas familias numerosas en peligro de extinción, como dirían algunos).

Esta evolución ha sido objeto de infinidad de investigaciones, estudios y artículos.  "El paso de la privación afectiva a la hiperprotección", el cambio de "una tipología de familia puramente patriarcal a otra nuclear", o el progresivo retraso de la emancipación de los hijos, son, entre muchos otros, algunos de los cambios que recoge Giorgio Nardone (psicólogo y docente) en su libro "Modelos de Familia" (Ed. Herder).

 

Fuente: rtve.es (Cuéntame cómo pasó)

 

Si nos cuesta excavar en nuestra memoria y remontarnos 30 años atrás, basta que pongamos cualquier

episodio de "Cuéntame" para darnos cuenta de los importantes cambios que han sufrido las familias.

 

De toda esta, digamos, evolución, en este post nos vamos a centrar en un aspecto importantísimo: los estilos parentales. Pero, ¿a qué nos referimos exactamente cuando hablamos de estilos parentales? Simplificándolo, diríamos que se trata de la forma qué empleamos para educar a nuestros hijos.

Podemos encontrar una gran variedad de clasificaciones. Por ejemplo, retomando a nuestro anteriormente citado Giorgio Nardone, éste nos presenta varios modelos que considera inadecuados para educar a nuestros niños:  padres "Hiperprotectores", "Democráticos-permisivos" (donde padres e hijos son amigos y acaba faltando autoridad, límites y normas), "Sacrificantes" (esos padres sacrificados por dar lo máximo a su hijo sacrificando, valga la redundancia, el que éste se tenga que esforzar para conseguir las cosas), "Intermitente" (modelo muy frecuente donde los progenitores van cambiando de un estilo a otro), "Delegante" (o padres que pretenden que sus hijos tomen decisiones y se responsabilicen de sus actos en todo momento) y padres "Autoritarios" ("¡esto es así porque sí y punto!").

Muchas veces estos estilos educativos inadecuados o negligentes vendrán motivados por las mejores intenciones hacia nuestros hijos ("...no le va a faltar de nada", "...no voy a discutir con él", "...tiene que hacerlo todo bien para ser el mejor", etc). Sin embargo, debemos valorar si el efecto a medio y largo plazo de estas mejores intenciones acabarán resultando más positivas o más perjudiciales para su desarrollo.

Respecto a las clasificaciones sobre "estilos parentales",  la que nos presenta la psicóloga Sonia Cervantes (seguramente os resultará más familiar si digo que es la psicóloga del programa "Hermano Mayor") en su último libro, es una de las que considero más prácticas y acertadas.

Las categorías que nos ofrece Sonia nacen de la percepción de los adolescentes, de las respuestas que estos le dan a las cuestiones que ella les plantea en su día a día en la consulta. Creo que es muy importante ante cualquier tipo de intervención que conozcamos la percepción de los niños sobre el problema, no tanto porque debamos hacer algo concreto para mejorar esa percepción subjetiva (ya que en muchas ocasiones nos encontraremos que esa película que se han "montado en la cabeza" dista mucho de la realidad), sino para poder comprenderlos mejor y elaborar una intervención mucho más adecuada y educativa.

 

En "Vivir con un adolescente", además de la clasificación de estilos parentales que hemos presentado 

en el  cuadro anterior, Sonia Cervantes nos ofrece claves para ayudarnos a atravesar la difícil etapa

  de la adolescencia en la vida familiar de forma constructiva y con buen humor.

 

 

Volviendo a la importancia de la percepción de los niños sobre el conflicto, imaginaos, por ejemplo, un niño que no quiere estudiar, hacer los deberes, etc. Probablemente en muchas ocasiones intervendremos imponiéndole que tiene que estudiar, quitándole actividades lúdicas, prohibiéndole todo lo habido y por haber hasta que acabe... Pero, ¿y si no quiere "trabajar" porque está muy desmotivado? ¿o porque le cuesta mucho una asignatura en concreto y cree que haga lo que haga va a suspender? ¿o porque está acostumbrado a trabajar con alguien encima y no sabe trabajar sin ayuda? Conocer qué le pasa por la cabeza nos ayudará a adaptar y a hacer más eficiente el tipo de intervención que deberemos poner en práctica. Ya no será sólo imponerle"que estudie" pues no llegaremos a la raíz del conflicto, sino también motivarle, o darle seguridad, o enseñarle a ser autónomo, en función de cuál sea el verdadero origen del conflicto.

En otras ocasiones, un mismo niño puede presentar diferentes comportamientos inadecuados que responderán a un mismo origen, por ejemplo, un niño celoso de su hermanito pequeño. Montará rabietas, reclamará ayuda en aspectos que pensábamos que ya tenía dominados, puede que vuelva a tener episodios en los que se haga pipí, dificultades para dormir... Podríamos intervenir en cada caso concreto, pero si nos preocupamos un poco por conocer su percepción de la situación nos daremos cuenta que el origen del conflicto es el mismo y que, más que intervenir sobre cada comportamiento inadecuado, deberemos hacerlo sobre, en este caso, los celos y su forma de manifestarlos.

 

Así pues, hay una serie de elementos que deberemos adoptar  para que nuestro estilo educativo sea tan positivo como eficaz, o para convertirnos en esos padres "guays" que tan buenos resultados, educativamente hablando, producen y que ellos tan bien valoran:

  • Es importante que tengamos en cuenta cómo perciben los niños la realidad para poder educarles de la mejor forma posible.

  • Tiempo y dedicación: debemos ser constantes y recordar que somos educadores las 24 horas del día (festivos incluidos). Sin olvidarnos que somos un ejemplo para ellos (aprenden muchísimo, tanto lo positivo como lo negativo, observándonos y tomándonos como modelos).

  • Autoridad: educar no se trata de imponer, ni pasar de todo ni de consentir... debemos ser coherentes y entender que la educación también consiste en saber poner límites, normas y ser consecuente con ellas. 

  • Amor: nuestros niños deben sentirse en todo momento valorados, queridos, únicos y especiales.   Para ello, entre otras muchas estrategias, reforzaremos sus progresos (no sus resultados), atenderemos a lo positivo, tendremos una buena comunicación con ellos, les enseñaremos a empatizar, a expresar y gestionar sus emociones, etc.

 

 

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