© 2018 www.teayudoaeducar.com by Javier Berrio de Haro, 

Murcia

December 15, 2017

September 18, 2017

July 12, 2016

December 14, 2015

Please reload

Artículos recientes

Educar desde lo positivo

11-Oct-2015

"Reconocer y potenciar esfuerzos, cualidades y valores resulta mucho más efectivo que señalar fallos, debilidades y defectos" (B. Tierno). 

 

Aún recuerdo hace un par de años mi primera entrevista con una profesora en el colegio sobre un niño "muy muy nervioso", que "siempre la lía" y que "no quiere trabajar nada". Ya no tan sólo por su cara de asombro cada vez que le preguntaba algo tipo ¿qué es lo que mejor hace en clase? o ¿qué es lo que más te gusta de él?, sino porque cada vez sus respuestas acababan en el mismo punto: se porta mal en clase y no quiere trabajar.

 

Parece una anécdota sin importancia pero refleja como en muchas ocasiones nos resulta mucho más sencillo y natural atender y centrarnos en los aspectos negativos de los niños. Porque estos sobresalen con respecto a  cómo esperamos que se porten, o porque al ser algo molesto implican, por nuestra parte, una intervención  para "cortarlo" (mientras que si están trabajando y portándose bien no nos llama la atención). Lo cierto es que nuestras intervenciones suelen ir más encaminadas a corregir algo negativo que a resaltar y potenciar algo positivo. 

 

Gracias a una gran profesional con la que pude hacer prácticas durante una temporada en el Servei d'Infància i Família, Chelo Vaño (gran psicóloga y mejor persona), aprendí dos cosas muy importantes que me han ayudado enormemente tanto en lo profesional como en lo personal: 

 

1º Trabajando con niños, la vinculación es fundamental. Ella siempre insistía en que alrededor del 50% del éxito en cualquier intervención con niños depende de la vinculación que establezcamos con ellos. Cuando un niño se siente feliz y seguro a nuestro lado, es mucho más fácil tener éxito. 

 

2º Hay que intervenir desde lo positivo. Todos los niños tienen "cosas" positivas y muchos  no las han descubierto aún, o se han olvidado porque no se las recordamos y nos centramos más en lo que deben mejorar. Debemos potenciar lo bueno que tienen para mejorar lo menos bueno.

 

Con todo esto no pretendo decir que no tengamos que poner límites (y más después de algunos posts resaltando la importancia de estos), sino que debemos aplicarlos con criterio y que, para ello, nos basaremos en tres premisas fundamentales.

 

1º DEJEMOS DE LADO LA IDEA DE CASTIGO PARA TRABAJAR CON CONSECUENCIAS NATURALES.
 

Se trata de que, ante una acción negativa, al intervenir apliquemos una consecuencia derivada directamente de la acción negativa, tratando que ésta sea:

 

Reparadora: la consecuencia debe intentar subsanar de alguna manera lo que haya generado su comportamiento inadecuado. 

 

Educativa: la consecuencia debe enseñarle que sus actos tienen repercusiones tanto para él ("te pones más nervioso", "haces cosas sin pensar"...) como para los demás ("le has hecho daño", "me pone triste verte así"...), así como a reflexionar sobre su comportamiento inadecuado analizando qué ha estado mal, qué consigue comportándose así, cómo podría haber actuado mejor, qué habría obtenido actuando de otras formas, etc. Es importante que él no perciba que es malo o que le castigan constantemente, sino que ha hecho algo que está mal y que esto tiene una consecuencia, no un castigo.

 

 

¿Ha hecho algo inadecuado? Por ejemplo, podríamos acompañarle a una habitación donde haya un espejo y decirle que cuando se vea tranquilo (hacerle referencia a su actual "cara de enfado" frente a cómo debería ser su "cara tranquila") escriba en una hoja una lista con tres alternativas positivas sobre cómo podría haber actuado y que, en la parte de detrás, haga un dibujo representando la que más le gusta. El objetivo: en la medida de lo posible, hacer que nuestras intervenciones no sólo "corten" un comportamiento inadecuado, sino también enseñen cómo debe actuar en futuras ocasiones.

 

 

 

 - No placentera: sobra decir que la consecuencia irá acompañada de un cambio a nivel emocional por nuestra parte. Es decir, en función de algunos aspectos como la edad del niño o la gravedad de lo que ha hecho, habrá un determinado distanciamiento emocional que durará más o menos tiempo y donde nos mostraremos más serios, enfadados o tristes con él.

 

La aplicación de la consecuencia natural debe ir acompañada por un distanciamiento emocional para que puedan aprender que su comportamiento afecta a los demás. Este distanciamiento irá disminuyendo progresivamente a medida que el niño "conecte" con lo que ha hecho y acepte la consecuencia establecida (incluso, potenciaremos el valor educativo de nuestra intervención si él participa a la hora de decidir qué puede hacer para "reparar" y aprender de lo sucedido).

 

2º TRABAJAR DESDE LO POSITIVO ES MÁS EDUCATIVO.
 

Podemos trabajar desde dos perspectivas:

 

a) Para prevenir comportamientos inadecuados. El que podamos reforzar lo que hace bien o lo que nos gusta que haga cuando lo hace, va a provocar que esté más satisfecho, que tenga una predisposición más positiva para hacer cosas, que perciba que se le valora o que esté de mejor humor. Aspectos que ayudarán a que su comportamiento sea más adecuado (es más difícil "portarse mal" cuando estamos contentos).

 

b) Para evitar algunos comportamientos inadecuados. ¿Con refuerzos positivos? No se trata de reforzar comportamientos inadecuados (sobre estos seguiremos aplicando Consecuencias Naturales), sino de fomentar otros comportamientos adecuados que sean incompatibles con la realización del que queremos eliminar a través del reforzamiento positivo. 

 

Imaginaros el caso de un niño de 8 años a quien hay que llamar muchas veces para que venga a la mesa a comer. Si tuviera que ayudar a poner la mesa con una tarea muy sencilla en el momento previo de empezar a comer (como pueda ser poner las servilletas o los cubiertos) y reforzásemos eso (por ejemplo, dejándole elegir el postre, dejándole beber un vaso de zumo o refresco en lugar de agua, o dándole un poco de tiempo más para ver la tele o jugar después de la comida), evitaríamos el tener que llamarle muchas veces para venir a comer y conseguiríamos fomentar un comportamiento positivo al ayudar en casa a poner la mesa.

 

De todas formas, si hablamos de reforzamiento positivo hay que tener en cuenta varios aspectos:

 

  • Es mejor usar el reforzamiento social (animar, elogiar, pasar tiempo con él...) que el material (comprarle cosas, premios...). 

  • El reforzamiento debe ser intermitente (siendo su frecuencia de emisión mayor cuanto más pequeños son, o al principio de querer instaurar un nuevo comportamiento positivo). No podemos reforzar siempre porque se acostumbrarán a hacer las cosas sólo por el hecho de conseguir algo.

  • El reforzamiento debe ser lo más inmediato posible al comportamiento que deseemos reforzar, especialmente cuanto más pequeños son (si se demorara mucho el refuerzo disminuiría la motivación para conseguir el comportamiento que queremos).

El reforzamiento positivo podría considerarse también como una Consecuencia Natural. La consecuencia del buen comportamiento de nuestros hijos nos afecta directamente ya que es algo que nos hace sentirnos bien, nos alegra y lo expresamos mediante el reforzamiento de esta conducta ("me encanta verte tan concentrado", "eres súper responsable ordenando tan bien tu cuarto"). De la misma forma que en el anterior punto aprendían a que su mal comportamiento afectaba negativamente sobre los demás, aquí también aprenden que su buen comportamiento tiene un efecto positivo sobre los demás y, consecuentemente, sobre él también.

 

3º SEAMOS EJEMPLOS PARA ELLOS EN TODO MOMENTO.
 

Delia Rodríguez (abogada, mediadora y persona muy comprometida con la educación y la infancia) clarifica esta premisa al afirmar que "...cada una de nuestras palabras, acciones y reacciones son ejemplo directo para nuestros niños y niñas. Apliquémonos el cuento". 

 

Los niños aprenden e interiorizan muchísimas más cosas de las que pensamos imitándonos y observándonos. Somos ejemplos y modelos de comportamiento para ellos.

 

Por eso es muy importante cuidar nuestras formas en todo momento, no sólo cuando nos dirigimos a ellos, sino también a otras personas. En un momento dado todos podemos perder los papeles, elevar demasiado el tono, etc., pero también es educativo que podamos reconocerlo y hablarlo con ellos. No se trata de enseñarles a que nos juzguen (les debemos resituar y decirles que ese no es su rol, sino el nuestro como educadores), sino de enseñarles que hay que aprender a reconocer cada uno sus errores y a ser autocríticos.

 

Observándonos aprenderán, entre otras muchas cosas, valores y actitudes que influirán 

en su posterior desarrollo social fuera del ámbito familiar.

 

Es importante que estas tres estrategias vayan de la mano. No tiene mucho sentido que nuestros niños tengan una consecuencia natural por decir palabrotas pero que, cuando se dirigen a nosotros de forma correcta, no les prestemos atención o, mucho peor, vean como nosotros las decimos delante de ellos. 

Para concluir, pese a que a priori el uso combinado de estas tres estrategias puede parecer un mayor esfuerzo que la simple aplicación del castigo de toda la vida ("al cuarto a estudiar", "a la cama y a dormir ya", "dos semanas sin consola", etc.), si las trabajamos de forma conjunta, puede que tengamos que pensar más a la hora de buscar una consecuencia adecuada, que tengamos que atender más para reforzar lo positivo y que debamos cuidar más nuestras formas en todo momento, pero la educación de nuestros hijos será más eficaz al incidir más educativamente en lo negativo y potenciar el buen comportamiento y el desarrollo de valores y actitudes desde lo positivo mediante las Consecuencias Naturales, el refuerzo y nuestro ejemplo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Please reload

Sigue el blog
Please reload

Buscar por meses